miércoles, 30 de julio de 2014

DEILEONTE

HIJO DE DEÍMACO
Griego contra Amazona. Estela. Museo Británico

Deileonte es otro de los hijos de Deímaco, y por tanto hermano de Autólico y Flogio. Como ellos procede de Tricca en Tesalia, y como ellos acompaña a Heracles en la expedición contra las amazonas, tras la cual son abandonados en Sinope.

Recordemos que uno de los trabajos impuestos a Heracles por el rey Euristeo era hacerse con el cinturón de oro de Hipólita. El problema era que Hipólita era la reina de las amazonas, mujeres guerreras conocidas por su ferocidad, y que el cinturón solía llevarlo puesto. Con un grupo de voluntarios entre los que se encontraba su sobrino Yolao, Teseo, Peleo, Telamón y los hijos de Deímaco entre otros, se embarcan para el país de las Amazonas en Escitia. Capturada la reina, se le arrebató el cinturón, y según parece murió en combate con el semidios. Yolao recibió numerosos regalos de su tío, incluidos unos magníficos caballos; Teseo parece ser que se llevó como recompensa a una de las reinas; y Deilonte y sus hermanos... fueron abandonados en tierra de nadie de forma accidental. Y más tarde se encontraron con los argonautas que acababan de perder a varios tripulantes, y a cambio de devolverlos a su patria en la Hélade, se enrolaron sustituyendo a los ausentes. (ver Autólico y Flogio)   

"Fue un encuentro muy alegre. Autólico, cuyos hermanos Flogio y Deileonte también estaban vivos y le seguían muy de cerca, no habían visto a un sólo griego ni habían tenido noticia alguna de su amada Tesalia desde que Hércules los había abandonado -pues Autólico se atrevió a emplear esa dura palabra. Parece ser que Flogio había caído enfermo durante la marcha y que Deileonte se había torcido un tobillo; pero Hércules se negó a esperarlos o a reducir siquiera su acostumbrada velocidad de treinta y cinco millas diarias. Los dos se habían visto obligados a abandonar la marcha y Autólico, magnánimamente, se había quedado con ellos. Los plafagonios los trataron bien, pues aunque toscos y obstinados, son una raza generosa, y ellos les pagaron su bondad introduciendo en el país muchas artes y ciencias útiles que hasta entonces les eran desconocidas. En especial les enseñaron a los plafagonios el valor de los árboles que crecían en abundancia en las colinas, tales como el arce y el nogal de montaña, que son muy apreciados en occidente para la construcción de mesas y cofres, y los instruyeron en el arte de curar y desbastar la madera para la exportación. Los hermanos también organizaron pesquerías de atún y enseñaron a sus anfitriones el verdadero valor de las mercancías extranjeras traídas a este puerto por tierra desde Persia y Bactria. Hasta entonces los plafagonios habían dejado que sus aliados los troyanos regatearan con los mercaderes armenios en una feria anual, y se habían contentado con una insignificante comisión sobre los productos vendidos, pero ahora Autólico y sus hermanos les aconsejaron que trataran amistosamente con los armenios cuando entrasen en su país para, de este modo, sacar beneficio razonable como intermediarios. (Robert Graves. El vellocino de Oro)


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