domingo, 20 de julio de 2014

CANTO

HIJO DE CANETO
Canto. Elliot Levey
Canto era un hijo de Caneto y nieto de Abante, y procedía de la isla de Eubea. Participó en la expedición de los argonautas, y es uno de los pocos guerreros que muere durante ella.

"A su vez, desde Eubea venía Canto, al que ávido de aventuras, enviaba Caneto, el hijo de Abante. No iba a regresar con vida a Cerinto. Pues era su destino que él y a la vez Mopso, el sabedor de vaticinios, perecieran errantes en los confines de Libia" (Apolonio de Rodas, El viaje de los Argonautas)

Para el novelista Robert Graves obsesionado con mantener la tripulación del Argos en 50, Canto era el hermano de Polifemo, y sólo un pasajero temporal de la nave.

"Se levanta Canto sobre el banco de remeros y con el remo voltea el agua; Canto, al que una lanza extranjera habría de matar sobre el polvo de Circe; pero hasta ese momento llenará de gloria que llevaba antes su padre Abante." (Valerio Flaco, Argonauticas)  

Cuando el Argos recala en Libia y los argonautas quedan varados por una espectacular tormenta que los arroja lejos de la costa, Canto intenta conseguir víveres para sus agotados compañeros. Cuando el guerrero observa unas ovejas decide llevárselas a sus amigos, pero el pastor reacciona ante el robo y le dispara al argonauta con una honda matándolo en el acto de una pedrada.

"Pero a ti Canto, las mortíferas Parcas te alcanzaron en Libia. Encontraste unas ovejas que pastaban, las seguía un pastor. Mientras tú te las llevabas para tus apurados compañeros, aquél en defensa de sus corderos te mató con el disparo de una piedra. Ya que no se trataba de un hombre vulgar, sino de Cafauro, nieto de Febo Licoreo, y de la venerable ninfa Acacálide, a la que en otro tiempo Minos expulsó, que era su propia hija, a Libia, cuando llevaba dentro de sí la grávida semilla de un dios. Ella dio a luz a un brillante hijo de Febo, al que suelen llamar Anfítemis y Garamante. Anfítemis esposó luego a una ninfa tritónide, de la que luego tuvo a Nasamón y al robusto Cafauro, el que entonces mató a Canto en defensa de su rebaño. Pero no escapó de las manos de los héroes apenas se enteraron de lo que había hecho. Recogieron el cadáver de su amigo los Minios, y lo sepultaron en tierra entre lamentos. Y se llevaron ellos los rebaños consigo". ( Apolonio de Rodas, El viaje de los Argonautas)

La muerte poco honorable del guerrero a manos de un simple pastor de una pedrada y cuando le estaba robando los rebaños, queda embellecida por la literatura buscándole un ilustre origen al matador, cambiando la piedra por una lanza en algunas versiones, y siempre justificando el robo y la muerte por un acto de altruismo por parte del héroe.

En "El vellocino de oro" de Robert Graves la muerte de Canto es presentada de forma similar a la que nos relata el mito, aunque nos da más información sobre los ritos funerarios:

"Desde Oea continuaron navegando durante dos días enteros a lo largo del territorio de los macaeos, y al atardecer del segundo día llegaron a un lugar que desde lejos había parecido ser tres islas; en realidad eran tres colinas sobre un promontorio rocoso, cubiertas de palmeras, En la distancia habían visto pastar un rebaño de ovejas y esto despertó en los argonautas un irresistible deseo de comer carne asada. Los tres hermanos de Sinope, junto con Idas, Linceo y Canto, el hermano de Polifemo, fueron enviados inmediatamente por Jasón para conseguir que los pastores les entregaran diez ovejas o carneros: con menos no tenían suficiente. A la hora del crepúsculo llegaron al lugar donde estaba el rebaño, pero los pastores macaeos rechazaron los obsequios que les hacían los argonautas y no quisieron entregarles ni una sola oveja. En la batalla que sobrevino, los pastores, que eran maravillosamente ágiles, se defendieron con un valor realmente extraordinario, pues eran cuatro contra seis, y antes de que Idas los ensartara a todos con su jabalina, uno por uno, su jefe lanzó una piedra con su honda contra Canto, haciéndola girar con tremenda fuerza y con tan precisa puntería que le dio en la sien y le rompió los huesos del cráneo.

Con gran pesar cogieron a Canto y lo enterraron junto al mar, bailando en torno a la pira con la armadura puesta y arrancándose mechones de cabello. También elevaron sobre sus huesos un alto montón de piedras blancas para que los marineros futuros anclasen sus naves cerca de aquel lugar y le ofrecieran libaciones. Pero no sintieron miedo del espíritu de Canto; ya había calmado su sed con la sangre de cuatro adversarios y con la de un centenar de ovejas, que los argonautas encontraron bastante sabrosas, a pesar de lo flacas que estaban." 

En la miniserie del año 2000 "Jasón y los Argonautas" es el actor Elliot Levey quien da vida al argonauta Canto, aunque en la adaptación televisiva el guerrero griego muere mientras escapa practicando tirolina sobre un barranco y es alcanzado por una flecha enemiga.  Como es lógico esta versión es más espectacular aunque se aleja totalmente de los relatos míticos.


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